miércoles, agosto 22, 2007

la vida de los otros

me gustan las tiendas y los aeropuertos: los espacios de nadie en los que puedes pasearte, mirar, volver a mirar, probar, etc. sin que se espere nada de ti.

tengo la absurda sensación de que las cosas se esmeran por lucirse y atraer la atención desde sus estanterías: me parece oír sus colores chillones y gritos fosforitos intentando que les elijan, como cuando en clase hacían una pregunta y sabías la respuesta y levantabas la mano con todas tus fuerzas.
por eso no me gustan las tiendas vacías. en cambio, si hay más gente, sé que las cosas están demasiado atareadas haciéndose las interesantes para los demás, y entonces yo puedo dedicarme a descubrir ese objeto alucinante, único y olvidado que lleva tres temporadas escondido detrás del resto, al que no le gusta llamar la atención (ni falta que le hace).

y salgo feliz de haberle adoptado. de haberle encontrado. de haberle dado la opción a decir la respuesta correcta al último de la lista. de haberle reconocido.de, en cierto modo, haberme encontrado a mí misma.

16 comentarios:

al dijo...

A mí a veces me pasa algo parecido, cuando estoy haciendo zapping y de repente me encuentro con, por ejemplo, L'illa del tresor.

Pero no habría podido describirlo mejor. ;-)

Dedé dijo...

Pues no sabes qué tarea que tiene andar poniendo las cosas bonitas en una tienda para que las compren cuantos más mejor... te lo dicen unos huesos casi muertos de tanto currar! ;)

Besitos!

ariadna dijo...

ui dedé! no lo dudo, a veces las cosas se ponen caprichosas y hay que ayudarlas... ánimo!

x dijo...

"es para mi"

Capitán Gerd Wiesler
(Das Leben der Anderen)

dulcearoma dijo...

Pues que suerte, yo pocas veces encuentro eso tan guay para adoptar, iré con más ojo, pero me gusta la técnica.

Un saludísimo!

ladani dijo...

si, coincido en los aeropuertos, sobre todo por esa sensación de ya vengo-ya me voy-donde estoy-cuánto movimiento hay

te devuelvo el comentario sobre baricco: vuelvo a el, siempre, tengo casi todos sus libros, me emocionan ahí donde uno más es uno, me llevan a mares que no conozco, y quisiera más de eso, siempre, siempre

besos miles

Nata dijo...

Creo que escuchas sus grititos porque se vuelven locos cuando tú entras. Eres la única que les prestas la debida atención y todos irse contigo. ;)

Carla Dionisio dijo...

Olá Parabéns.
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Laura dijo...

Muy linda la poesía a los desconocidos. He sentido esa sensaciòn de agradecimiento a gente que no conozco cuando he viajado sola. Un hallazgo.
Te saludo.

ariadna dijo...

es cierto, laura! viajar solo es fantástico, te hace amar a todo el mundo

Piniblú dijo...

gracias por tu visita en mi blog :) Me ha encantado tu reflexión sobre los últimos de la cola

maria dijo...

jo. odio que a veces nos deslumbren los colorines. nos perdemos cosas muy chulas.

Karina (Bambi) dijo...

Por eso me fascinan las antiguedades, los objetos cansados de viajar, de ser observados, analizados, buscados, rechazados, poseen tanta experiencia, tanta vida, que ya no esperan más que seguir siendo solo elegantes.

Lolita Blahnik dijo...

Si, a mi a veces me gritan desde las estanterias- llevame, contigo, por favor!- y y siempre caigo...

ariadna dijo...

sí, lolita, es inevitable! son de un convincente...

al dijo...

Para convincentes, los maneki-nekos, esos gatos japoneses que te hipnotizan con el brazo mientras dicen (aunque no lo verbalizan) "venpaká, venpaká".

(Mira, Ari, ya tienes para un post.)